Cuando terminé la carrera estaba muy consciente de que mi formación era muy académica y por lo tanto mi experiencia profesional también, me dediqué mucho tiempo a ser asistente de investigación en proyectos académicos; me faltaba probar el trabajo en campo, la promoción de proyectos en comunidades, la interacción entre ciencia y práctica. Por eso entré a la especialidad en desarrollo comunitario y aprendí los asegunes del trabajo comunitario y proyectos sociales.
Después de eso consideré que si bien ya tenía un lugar "asegurado" en el ámbito académico, todavía me faltaba mucha experiencia laboral para meterme a estudiar una maestría y luego comenzar a picar la piedra de la "meritocracia" universitaria. Entonces decidí salir de la academia y entrar a la burocracia gubernamental, trabajé para el departamento de estudios sociales del gobierno municipal de Querétaro haciendo estadísticas de pobreza y marginación.
Cuando se terminó mi contrato y ya había conocido todo el municipio hasta Charape de los Pelones (comunidad queretana que no tiene entrada desde Querétaro sino desde San Luis Potosí), decidí aprovechar que después de siete años de estudiar y trabajar sin parar tenía el tiempo y el dinero para viajar, me fui a Chiapas.
Mi contrato terminó el 30 de septiembre, el 10 de octubre ya estaba en San Cristobal de las Casas; llegué con la idea de explorar las opciones laborales, ahora quería trabajar en una asociación civil y conocer los asegunes de los financiamientos, los proyectos, las interrelaciones entre las organizaciones y todas esas cosas maravillosas de las que la gente que va a Chiapas habla.
Viví allá casi dos meses, cuando mi mamá enfermó, me mudé a Ajijic, Jalisco y me dediqué a ser gerente general, bartender y miembro único del sindicato de trabajadoras del Bar La Tía. Descubrí que verdaderamente mi pasión es la sociología, que no tengo madera de bartender aunque las margaritas y los martinis me queden muy buenos y que volver a la casa materna cuando uno tiene siete años viviendo solo no es buena idea.
En eso estaba cuando recordé que en algún momento en el nebuloso pasado yo había pensado estudiar una maestría, tal vez ese era el mejor momento para hacerlo. Elegí Ecología Humana, por muchas cosas que no quiero explicar hoy y me di cuenta de que me faltaba experiencia en proyectos que involucraran manejo o conservación de recursos naturales. Se volvía a abrir la ventana para trabajar en una asociación civil.
Así fue como llegué a La Paz y comencé a trabajar en una asociación civil comunitaria, coordinando un proyecto de desarrollo sustentable. Trabajo que me ha abierto otro mundo de opciones y oportunidades. Aunque la verdad este trabajo me estresa, me alborota el insomnio y no me deja tiempo para descubrir la belleza de estado en el que vivo...
En retrospectiva, he trazado un camino largo e interesante, donde los errores son medallas y no descréditos, porque sólo probando uno puede saber si le gusta algo o no.
Nada, que a veces necesito recordarme que sigo en proceso de búsqueda y el ensayo y error es la única forma que conozco de experimentar.
2 comentarios:
Pues sí, ¿cómo si no probando, intentando, tantaleando, llega uno a donde quiere? No sólo usted, sino que la humanidad entera no conoce otra forma de descubrir las cosas. Probemos, pues, siempre, el helado del sabor raro que nos llama la atención.
Y hablando de probar, habrá que probar esos martinis, Lotte...
si estuvieramos en el facebook (que bueno que no lo estamos), diria: a otto le gusta esto
(manita con pulgar levantado).
...ya, no hay mas que decir...
Publicar un comentario en la entrada